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El árbitro como sospechoso: lo que realmente busca el Congreso peruano al citar a JNE y ONPE

Un Congreso no convoca al árbitro electoral porque quiera entender la elección. Lo convoca porque quiere reescribirla. La citación que la Comisión de Constitución hizo a los jefes del JNE y la ONPE no es una indagación: es el primer movimiento de una operación narrativa donde la duda termina pesando más que el voto.

El domingo 12 de abril, Perú celebró un proceso electoral cuestionado desde antes del cierre de las urnas. En las semanas siguientes, las críticas no se concentraron en los resultados — se concentraron en el procedimiento. Esa es la grieta donde se mete el oficio político.

Sobre esa grieta, la Comisión de Constitución del Congreso convocó a Roberto Burneo, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, a Bernardo Pachas, jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, y al titular del Reniec. La convocatoria fue empaquetada como rendición de cuentas. Pero todo en política es contexto, y el contexto peruano es elemental: un Congreso con aprobación de un dígito que necesita una historia más grande que sus propios escándalos.

Lo que está ocurriendo en Lima no es peruano. Es regional. En la última década, los Congresos hispanoamericanos descubrieron que el árbitro electoral es la pieza más rentable para erosionar — México con el INE, Guatemala con el TSE, Bolivia con el TSE boliviano, ahora Perú con su sistema tripartito. La fórmula se repite con disciplina: no se ataca el resultado, se ataca al que lo certifica. Si el árbitro queda manchado, todo lo que firme queda manchado.

La citación a Burneo y Pachas no busca respuestas técnicas. Busca imágenes: titulares, declaraciones, contradicciones audibles, momentos editables que alimenten la narrativa de "algo no cuadró". La duda no necesita pruebas. Necesita repetición. Y un Congreso es, antes que cualquier otra cosa, una máquina industrial de repetición.

Para los estrategas, la lectura es operativa. Cuando un órgano legislativo abre una investigación contra el árbitro electoral en los meses posteriores a una elección, no se está litigando esa elección — se está preparando la próxima. La narrativa de "sistema contaminado" es el activo que se construye hoy para activarse cuando convenga: para impugnar resultados futuros, para justificar reformas a la medida, para empujar candidaturas antisistema sobre un terreno ya minado de sospecha.

Lo que viene en Perú no es una auditoría técnica. Es una temporada de filtraciones, declaraciones cruzadas y proyectos legislativos presentados como "corrección democrática". El JNE y la ONPE entran a esta etapa en posición defensiva — y en política, defenderse antes de ser acusado formalmente ya es estar perdiendo.

Cuando un Congreso cita al árbitro, el resultado de la audiencia es lo de menos. Lo que cuenta es la fotografía. Y esa fotografía, en Perú y en cualquier democracia frágil, vale más votos que cualquier debate.

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